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[1] Ross Exo Adams, “Landscapes of post-history”, Machines of urbanization, consultado el 15 de febrero de 2021, https://rossexoadams.com/2016/08/03/landscapes-of-post-history/#_ftnref9.
[2] Adams.
[3] Pier Vittorio Aureli, “Pier Vittorio Aureli: Piccolomini”, Betts Project, el 29 de septiembre de 2017, https://www.bettsproject.com/pier-vittorio-aureli-piccolomini/.
Defoliando el mundo.
Ecocidio, evidencia visual
y 'tierra memoria'.

Hannah Meszaros Martin.

ISBN (hardcover): 978-9930-9652-6-9

ISBN (loop stitch): 978-9930-9652-7-6

 

 

"En el contexto contemporáneo, en el que la actual crisis medioambiental planetaria no cesa de ser invocada, y en el que gran cantidad de las imágenes que la aluden son producidas por máquinas –y consumidas por los humanos−, el trabajo con éstas da lugar a nuestra participación, ya no como productores, sino como examinadores. En estas imágenes técnicas, ya no elaboradas exclusivamente por humanos que miran, sino por máquinas que computan, la técnica coincide con una serie de políticas y marcos jurídicos y económicos en los que el píxel, la borrosidad, la definición, la vista de pájaro y la vista satelital ponen en juego las convenciones en la representación de la naturaleza y en la naturaleza como representación.


Distintas formas visuales compiten por saber cuál es capaz de producir lo que eventualmente será aceptado como veraz. Y en medio de esto, la estrategia que trajo a estas imágenes a presencia en primera instancia ocupa un lugar capital; al centrarse en cómo tal verdad es ratificada y especialmente en las formas de representación que son utilizadas para elaborar tal ratificación (estadísticas, gráficos, mapas y fotografías, todas con enorme confianza en la mensurabilidad del mundo), dibujan un linaje eminentemente moderno. Estas formas de representación, a menudo de proporciones infraestructurales e implementadas por entidades estatales no son –por supuesto– nada recientes. Ya para la Francia del siglo XVII la noción de paisaje, inexorablemente ligada desde su concepción moderna a la de territorio, lo concibió como un espacio cualitativo disponible para los cálculos y organizaciones de la Razón de Estado, capturado por representaciones cartográficas cada vez más precisas, y de las cuales era posible extraer verdad.[1]

Formas de violencia calculada como la guerra y la economía de extracción −y las imágenes asociadas a ambas− pueden ser enmarcadas dentro de esos cálculos y organizaciones de Estado que tienen lugar en el paisaje como parte de la tradición de producir imágenes fácticas sobre el mismo. En esta fabricación de la veracidad, los modos en que se representa al paisaje antes y después de ser intervenido mediante fotografías aéreas y satelitales, mapas y dibujos exhiben las formas de conocimiento económicas y territoriales lo presentan como un espacio controlado de circulación, distribución y extracción de recursos, y donde se lo devela como una categoría política.[2]


Defoliando el mundo ofrece una mirada a la producción de imágenes contemporáneas sobre uno de los temas con mayor tradición en el arte –el del paisaje– al tiempo que cuestiona la noción de este género como uno que ha sido abandonado por los artistas, reconocido como anticuado y romántico,[3] y abordado por mucho tiempo desde aproximaciones técnico-pragmáticas, ahistóricas y apolíticas mediante la exposición y crítica de formas existentes de visualizar a la naturaleza. Tales modos de visualización implican una mirada no solo a lo que se muestra a través de la imagen, sino también en su superficie opaca. Con este libro se da inicio a la publicación de una serie dedicada a la meteorología forense, en donde se analiza el alcance de las técnicas de representación y los marcos históricos, jurídicos y económicos de aquello que está suspendido −y circula− en el aire, entre el cielo y la tierra; en un sentido práctico y eminentemente espacial: examina el arte de desplegar cuerpos –en este caso, químicos- en el espacio, los mecanismos que lo ponen en acción y los modos en que éste es proyectado, exponiendo simultáneamente a la administración del aire como una tecnología infraestructural y a la tierra –y a lo que está en su superficie- como un potencial sujeto jurídico y un signo público del orden."

De Todo está muerto o en proceso de morir (nota introductoria).

Carlos Aguilar Salazar (ed.)