Yo soy cada nombre de la historia:
Reseña a Por maniobras de un terceto (2019) de Clara de Tezanos.*

Carlos A. Segura | oct. 27, 2019.

Todos tienen, como yo, el futuro en el pasado.

Fernando Pessoa. “Cada vez que, por la influencia de mis sueños”, en El libro del Desasosiego (178).

 

 

Confío en que la observación venidera nos permitirá empezar a comprender los alcances de la propuesta poética latente en una historia que, desde hace algún tiempo, sus personajes se han reservado para sí mismos, y a los cuales darles nombre no contribuiría en nada al deguste de sus notas agridulces, sino que desviaría demasiado su consigna de sumergirla en el olvido. Sin embargo, hoy ésta nos llega de la mano de Clara de Tezanos y a través de su fotolibro Por maniobras de un terceto, autopublicado este año con el apoyo su editor, Alejandro Cartagena.

 

A Clara de Tezanos –como veremos-, la podremos conocer mucho más por este libro que por su extensa e intensa participación en exhibiciones fotográficas, sea en calidad de artista o de curadora. Bajo su título Por maniobras de un terceto –junto con su último libro, Piedra-Padre, Universo (2017)-, la artista ha adelantado una propuesta tan disruptiva en su práctica que ha acabado por volver la mirada no sobre su fotografía, sino sobre sí misma. Entonces, ¿qué puede estar latente en medio de la historia de aquellos personajes desconocidos (aquel terceto) y las inclinaciones autobiográficas de la autora?

 

El origen de sus contenidos nos podrá dar alguna luz: las fotografías reunidas en Por maniobras de un terceto provienen tanto del archivo personal de la artista (construido durante más de 10 años) como de sus álbumes familiares. Pero no habrá que confundirse; aun cuando en estas fotos aparezca la propia Clara, sus autorretratos están lejos de ser meramente autorreferenciales; la autora ha ocupado cada espacio posible a la vez: ha ocupado el lugar arquetípico del individuo al retratarse conforme a representaciones canónicas de la feminidad; al adoptar la pose de su abuela ha ocupado el lugar del orden social que representa su núcleo familiar; y al sobreponerse a los temas Celestes y Terrestres ha ocupado el lugar de la ley natural e ineludible que mide a las dos primeras. De este modo, cultura (el núcleo social y familiar), las fuerzas de la naturaleza (el tiempo astronómico, la potencia vegetal) y el individuo se intercalan, yuxtaponen y superponen, no para relatarnos qué es lo que haya sucedido con el terceto, sino para acercarnos a su confesión. Y es sólo la identificación y desidentificación con los personajes y motivos representados lo que nos permite aproximarnos simultáneamente a todos los implicados, al tiempo que propone a ese arreglo de imágenes como un método de navegación genealógica y como una manera de reclamar la historia familiar como historia propia. La edición y el montaje y remontaje de las fotografías llevan a cabo ese entrelazamiento unificatorio de la autora con sus antepasados (también retratados) y con su posición en el Universo hasta el punto de hacerlos indistinguibles.

 

Con todo esto, me es útil traer algunas líneas de una carta de Nietzsche a Burckhardt, y que rezan como sigue:

 

“Escuche mis dos primeras malas farsas: no tome demasiado en serio el caso Prado. Yo soy Prado, soy también el padre de Prado, y me atrevo a decir que también Lesseps. […] También soy Chambige –otro criminal honesto-. Segunda farsa: saludo a los inmortales […]. Lo que resulta desagradable y embarazoso para mi modestia es que, en el fondo, yo soy cada nombre de la historia. […] Este invierno, vestido de la forma más miserable, he asistido dos veces a mi entierro, primero como conde Robilant (no, es mi hijo, en la medida en que yo soy Carlo Alberto, infiel a mi naturaleza), pero yo mismo era Antonelli.”

 

Con todo, no es de sorprender que encuentre en este ensayo fotográfico ese mismo obstáculo en la construcción de cualquier genealogía natural. Clara ha asumido todos los nombres ausentes en un único gesto; se ha extendido hasta apropiarse plenamente de todas las figuras maternas con la misma intensidad que lo hizo, en su momento, con las paternas (Piedra-Padre, Universo). Para Clara, nada de su padre ni de su madre le es ajeno; y si ella se ha fugado alguna vez ha sido sólo para presentarnos a aquellos que son ella misma.

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*Clara de Tezanos (1986-) es fotógrafa, Co-Fundadora del Centro de Fotografía Contemporánea y La Fototeca. Recientemente ha participado como Curadora en Jefe para Espacio Satélite y Fototropía, como Visor de fotografía, y como Directora Editorial de múltiples publicaciones como Prisma I (2015), Nueva Generación (2014), Prisma II (2018) y Lenguajes de Luz: Dos Siglos de Fotografía en Guatemala (1844-2018) (2018), y autora de Piedra-Padre, Universo (2017) y Por maniobras de un terceto (2019). Actualmente trabaja en el proyecto editorial Luciara, dedicado a promover y robustecer la producción de fotolibros en Guatemala y la región.