Afiche presentado según las especificaciones de los organizadores de la bienal.
*Transcripción del afiche presentado en la bienal. Registro de los organizadores puede consultarse en
https://www.bienalcostarica.com/p-f-0095.html.
[1] Santiago Crespo Perera, “Arquitectura de tijeras y recortes”, La Nación, septiembre de 1962, 4.
[2] Albert Gironès et al., Destrucción: Obras, proyectos., ed. Carlos Segura, Primera edición (San José: Editorial Operaciones, 2019, 11).
[3] Gironès et al., 11.
[4] Gironès et al., portada.
[5] Museo de Arte y Diseño Contemporáneo de Costa Rica, “In oculis vestris”, MADC | Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, accedido 21 de enero de 2020, https://www.madc.cr/es/expo/oculis-vestris. Sostenida entre el 22 de noviembre de 2019 y el 29 de febrero de 2020, la instalación Destrucción. 1. Arquitectura - Teoría, dedicada al libro, su catalogación, su diseño y su producción técnica, tomó prestado el nombre de su primera cabeza temática. Gironès et al., página legal.
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«Esto es una práctica arquitectónica, no editorial.»
Participación en la XV Bienal Internacional de Arquitectura de Costa Rica.*

Operaciones | oct. 24, 2020.

¿Qué lugar ocupa este libro en el contexto arquitectónico e histórico de Costa Rica? Para reconocerlo conviene volver la mirada sobre las funciones que ha tenido la publicación impresa en la cultura arquitectónica nacional.

Curiosamente, la figura del autor de crítica de arquitectura se ha correspondido con la del arquitecto –y no con la del historiador, ni la del historiador de la arquitectura o siquiera la del historiador del arte-. Esto parece no haber variado demasiado desde la publicación de Arquitectura de tijeras y recortes, probablemente la primera crítica de arquitectura del país, escrita por Santiago Crespo Perera para el periódico La Nación y publicada el 23 de septiembre de 1962.[1] Es sobresaliente que más tarde el ejercicio de la crítica se siguiese valiendo de aparatos de divulgación ajenos a los que los arquitectos se habrían fabricado para publicar, y especialmente, cuando la crítica –como la de Crespo- ya había sido asumida por ellos mismos.

Pero es realmente extraordinario que, a pesar de que el primer órgano editorial dedicado exclusivamente a la arquitectura (la revista Habitar) fue constituido por el propio Colegio de Arquitectos de Costa Rica 4 años después de su fundación en 1971 –en lo que podría parecer un esfuerzo gremial por establecer una autonomía sobre sus prácticas editoriales- y el hecho de que la crítica hubiese sido reclamada por los arquitectos, ni la crítica, ni la teoría tuvieron un papel importante entre sus páginas: tanto Habitar –como otras revistas independientes de la escena nacional y regional- se concentraron en describir, reseñar, validar y promocionar uno u otro tipo de arquitectura y un único tipo de práctica: la construcción. Esta triple condición conforma el clima general en el que se ve inmerso nuestro libro: uno de tensiones entre la exclusividad de la escritura crítica sobre arquitectura, el reclamo de autonomía editorial de los agremiados a través de su revista y la publicación de sus críticas fuera de sus publicaciones autónomas.

En efecto, la historia de la arquitectura costarricense no había visto un proyecto editorial independiente que hubiese alineado sus esfuerzos de manera exclusiva a la reflexión crítica y la teoría; de hecho, el medio arquitectónico nacional no había producido una única publicación independiente ajustada a esos criterios. Podemos encontrar prueba material de esta afirmación en el hecho de que durante la catalogación de nuestro libro por parte del Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI), específicamente en la asignación de las cabezas de tema, que le ubican dentro de la colección de libros editados en el país, haya sido necesario abrir una nueva categoría para éste: esta es “Arquitectura - Teoría”. Con todo, la nota que abre nuestro libro –“esta es una práctica arquitectónica, no editorial”-,[2] lo hace comprendiendo que está estresado por aquella triple condición ya instalada en la disciplina.

Describir, reseñar, validar y promocionar son disposiciones ajenas a los postulados adelantados en el cuerpo del libro que –como reza la misma nota introductoria citada atrás- “envuelve por sí solo una postura frente a una disciplina desproporcionalmente inclinada hacia la construcción. Aun así, ésta no ha impedido que nos refiramos directamente al quehacer proyectual; ni nuestro subtítulo [(Obras, proyectos)] ni nuestros autores se demoraron en hacerlo.”[3]

Referirse en detalle a la tesis que pueda estar rodeada por los 10 capítulos del libro no nos llevará mucho más lejos de lo que nuestra nota promete; describir al propio libro amplía mucho más la comprensión de las características (de diseño) del proyecto de publicación, específicamente el arreglo de sus capítulos, a lo que cabe señalar que un criterio espacial se sobrepuso a cualquier intento narrativo. Más que la propuesta de un hilo conductor sugerido por la secuencia de los capítulos, lo que encontramos en la publicación es un ejercicio de administración del espacio del libro: la imposición (el arreglo de los contenidos en cada de los cuadernillos del libro) garantiza un centro de cuadernillo para cada una de las fotografías, desplegables o anexos –algunos más independientes que otros- que, no contabilizados en la paginación –pero sí referenciados en el cuerpo de texto-, ocupan un lugar de estabilidad precaria dentro de la publicación. Esta administración diferenciada de los materiales incluidos en los cuadernillos y los anexos fue resuelta mediante una variación contemporánea de la encuadernación Bradel, una técnica desarrollada en el Siglo XVIII para montar las páginas en forma de bifolios (pliegos doblados al centro) que luego serían agrupados en cuadernillos para coserse entre sí. Cada uno de los cuadernillos que componen el libro es identificable gracias a la signatura (la marca indicada –para nuestro caso- consecutivamente como A, B, C, D, E, F, G, H, y visible justo por debajo del texto en la primera página de cada cuadernillo). Esta marca, que no fue incluida originalmente en la edición para los lectores, sino para orientar la labor del plegado y cotejado correcto de las secciones por parte de los encuadernadores, fue aprovechada en nuestro proceso de diseño y de edición técnica para referenciar esos pequeños anexos marginales (gráficos y escriturales) que acompañan los trabajos de los autores.

Ambos aspectos (el contexto histórico y disciplinar, y las características técnicas y de diseño del libro) han adelantado un comentario sobre arquitectura a partir de un proyecto de publicación que más allá de reunir “un cuerpo de ensayos cruzados por el análisis de los alcances teóricos y prácticos de la destrucción en el quehacer arquitectónico y la producción del territorio”[4] (un descriptor estrictamente temático), se ha reconocido como “una pieza de arquitectura, arte, diseño y escritura, que compromete nuestra propia manera de etiquetar lo contemporáneo”[5] –también publicada un 23 de septiembre, 57 años después de aquella primera crítica de arquitectura-.